Después
de un día ajetreado, metidos en nuestra inercia y preocupaciones, queremos
hacer un paréntesis y convertir este espacio en un oasis de paz. A veces nos
cuesta tener serenidad en medio del combate diario. Ante la presión de tantas
responsabilidades y trabajos, nos agotamos y el cansancio nos quita paz y
alegría. Creemos avanzar, pero a veces tenemos la impresión de que perdemos el
rumbo y no vamos a ninguna parte.
Necesitamos
parar y volver a mirarte, Señor, tú que nos señalas el rumbo. Necesitamos que
nos des esa paz que tú solo puedes darnos, porque sale de tu corazón. Volvemos
a ti porque necesitamos el calor de tu presencia, la dulzura de tu mirada, la
quietud de tu silencio, el bálsamo que repara las heridas de nuestra alma,
tantas veces desorientada porque nos alejamos de ti. Sin
tu apoyo todo es más difícil de sobrellevar; contigo las cargas se hacen más
llevaderas.
La
humildad de reconocer que siempre estás ahí es un antídoto que nos cura de
nuestra soberbia y autosuficiencia. El solo voluntarismo frente a los problemas
es insuficiente, y más cuando nuestras fuerzas desfallecen. Sabemos que
confiando en Ti, aunque no siempre soluciones los problemas, podemos vivirlos
de otra manera. Desde ti todo es más soportable, tú nos proteges en medio de
las olas gigantes. Hemos de saber y confiar que tú no permitirás el naufragio.
Tu mano protectora nos sostiene.
Es
más difícil mantener la calma en medio de un maremoto interno que en medio de
las tormentas y los grandes vientos, como narra el evangelio. Tú hiciste
amainar el viento, hasta la calma total. Tú puedes calmar las sacudidas de la
vida, que se tambalea como un barco entre las olas de nuestras dudas. Basta
dejar que Tú seas señor de nuestra vida y lleves el timón. Sólo así las aguas
de esos mares interiores se calmarán. Sabemos que lo hiciste y lo sigues
haciendo con la barca de la Iglesia, zarandeada por tantas críticas y divisiones.
Sabemos que nunca dejarás que la Iglesia sea absorbida por esas mareas de
contradicciones que nos quieren alejar de tu corazón para perdernos en la noche
oscura. Sabemos que la Iglesia no está formada solo por hombres. Tú estás al
timón y el Espíritu Santo con la fuerza de lo Alto, dirige la nave para
llevarla a buen puerto. Lo hiciste con los tuyos, y lo haces con nosotros hoy.
Nos
puede parecer que callas. Tu silencio nos puede resultar insoportable y podemos
tener la tentación de pensar que estás lejos, indiferente a nuestros
padecimientos. Hemos de creer que, aunque no hables, tu presencia es tan real
como el oxígeno que respiramos. Tenemos que llenarnos de coraje y no ser
cobardes. Tú estás allí, en medio de cualquier situación que nos hace tambalear.
Contigo a nuestro lado no tenemos nada que temer.
5 comentarios:
Que hermosa reflexión, P. Joaquin, gracias por recordarnos que siempre contamos con la misericordia del señor 🙏
El silencio de Dios, no es tal; simplemente escuchemos nuestro corazón y apliquemos nuestra mente: ahí está Su palabra que Él nos envía en cada acto de nuestra vida terrenal, y yo resumo en un vocablo que me inventé y engloba la los dos; "corrazon".
Gracias P. Joaquín . Magnifica reflexión explicada tan detalladamente . Recordarnos q siempre Él nos sostiene en sus misericordiosas manos es muy alentador mu
y reconfortante .🙏🙏🌹
Con mucha alegría y nostalgia, medite la reflexión, me transportaba al templo de San Félix, visualizaba la custodia y así paso el tiempo degustando la hermosura de sus palabras que es la realidad,sino paramos un momento caemos en el abismo,un abrazo padre Joaquin
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